domingo, 16 de mayo de 2010

Escuela de Vida


Hace algunos domingos la lectura de El País resultó ser contradictoria. Por un lado la columna de Rosa Montero hablaba de estudios realizados recientemente por diversas organizaciones y universidades -eso parece ser  que siempre avala cualquier cosa- en los que se demostraba que el error o el fracaso -esa palabreja que siempre queremos evitar- no sirve como en principio se ha pensado para enmendarse, corregirse o mejorar como persona. Lástima oir esto los que tantos errores hemos cometido  y sólo nos quedaba la ilusión de que igual éramos algo más sabios. Pues parece ser que no. Todo esto vine a cuento de que en Londres se ha abierto lo que llaman una Escuela de la Vida, un lugar donde parece ser que enseñan a vivir y a afiazar el placer de cultivar la mente.



Aprender, debatir ideas, reflexionar -en suma, cultivar la mente- se afianzan como la nueva tendencia de moda entre las clases urbanitas de un Londres que ha vivido mejores tiempos económicos. Aunque la curiosidad intelectual no sea afortunadamente patrimonio de épocas, sí se presenta en pleno clima de recesión como el mejor antídoto frente al frenesí consumista que tuvo su pico en los noventa para acabar estrellándose contra las incertidumbres del nuevo siglo. "Antes trabajaba y socializaba, pero no me paraba a pensar. Cuando me cansé de consumir productos y servicios, empecé a consumir experiencias", explica Michelle, una asesora financiera de 32 años, sobre su decisión de apuntarse a la Escuela de la Vida (The School of Life) con el objetivo de expandir sus horizontes sin que el talonario fuera el requisito indispensable.



El atípico centro propone encarar el día a día de manera reflexiva. En las clases se asesora sobre lecturas y contra el consumismo. Ubicado en el barrio literario de Bloomsbury, el centro está orientado a mejorar la calidad de vida de sus alumnos, la mayoría profesionales urbanos entre los 20 y los 40 años, a ayudarles a buscar un enfoque más constructivo de su existencia y a afrontar cuestiones tanto tiempo aparcadas, como la insatisfacción laboral o los retos que entrañan las relaciones personales o la vida familiar. Y, sobre todo, a poner a trabajar el intelecto con vistas a la propia recreación.


Lecciones y conferencias sobre literatura, arte o filosofía, a cargo de figuras destacadas en esos campos, sazonan el menú que oferta esta suerte de escuela-librería: cursos de seis semanas sobre materias diversas, sesiones dominicales en las que se charla sobre la humildad, la envidia, el riesgo o el adulterio y salidas en grupo a restaurantes para perfilar el arte de la conversación inteligente.


Quienes han bautizado la iniciativa con la expresión anglosajona the new black, algo así como el nuevo chic, se refieren al éxito de convocatoria desde que la Escuela de la Vida se estrenara dos años atrás. De hecho, abría sus puertas el mismo día en que se confirmaba el colapso financiero del banco inversor Lehman Brothers al otro lado del Atlántico, un augurio de la negra etapa financiera que estaba por venir y de su profundo impacto social.
Los estudios psicológicos insisten ahora más que nunca en que dedicar parte de nuestro tiempo al mero placer de pensar en ideas o propósitos es esencial para llevar una vida feliz. Algunos detectan un cierto hartazgo en el afán compulsivo de comprar, aunque, para el grueso de los mortales, simplemente éste ya no está al alcance del bolsillo.
La atípica escuela londinense propone encarar nuestra vida de una forma diferente y a buscar la verdadera sustancia, en una sociedad obsesionada con la cultura del famoseo y con el placer efímero de, por ejemplo, adquirir el último bolso de moda que cotiza a precios astronómicos.
-Previo desembolso de una media de 195 libras (es decir, unos 223 euros por un curso de mes y medio de duración), los estudiantes se emplean a fondo en el debate sobre las ansiedades que provoca la vida moderna -el trabajo y el amor son los temas más recurrentes- o se dejan asesorar sobre las mejores lecturas y exposiciones de la actual oferta cultural. "La Escuela de la Vida está abierta a todos aquellos que buscan la aventura intelectual y personal", reza uno de los lemas de este centro fraguado por Sophie Howard, antigua responsable de exposiciones en la Tate Modern que ha contado con el apoyo de nombres de las letras, de las artes visuales, de polemistas y firmas del periodismo.
Que millones de personas sigan online los debates sobre el mundo de hoy que proponen grupos como el estadounidense TED, en un arco más modesto, o el británico Intelligence2, vienen a confirmar esa tendencia en boga. "¿Necesitas engrasar tu faceta intelectual? Apúntate al Book Slam", reza también la promoción de uno de los clubes más solicitados de la noche londinense. En este local las actuaciones musicales se simultanean sobre el escenario con la participación de novelistas tan populares como Nick Hornby, Monica Ali o Irving Welsh. El conocimiento, en definitiva, es ahora el poder.