martes, 13 de julio de 2010

En tiempos de Mudanza

En tiempos de tribulación no hacer mudanza. Frase atrubuída a la Santa de Ávila aunque también hay gente que la pone en boca de Ignacio de Loyola. El fundador de los jesuitas aconsejaba a los nuevos miembros de la Compañía no hacer mudanzas en tiempos de tribulación. El consejo nada tenía que ver con el cambio de sede, se trataba de resistir los embates de los poderes terrenales. Nosotros, los López Trejo hemos hecho mudanza de verdad, cambio de casa, cambio de vida y las tribulaciones afortunadamente sólo han sido de orden práctico y pocas. Aunque la procesión va por dentro -vaya con las referencias eclesiásticas- creo que también hay mudanza interior.










Quitamos la tarjeta con nuestros nombres del buzón.
Hube de guiar al camión de la mudanza de una dirección a otra. Como es lógico el camión iba despacio, cargado y yo iba haciendo tiempo para que no me perdiera. Algunos conductores insensibles me pitaban pero yo miraba por el espejo retrovisor del coche y veía el camión con todas nuestras cosas en él, con nuestra vida de veinticinco años en su interior y hubo un momento en que me afloró una lágrima. Al fin y al cabo era una metáfora como una catedral de grande. Había que ser un animal para no sentir nada en ese momento. Isabel, Cristina y Luis iban en el otro coche que tenemos y yo, solo, en el otro, pensando en estas tonterías.









Colocamos la tarjeta -la única que tenemos- en el nuevo buzón. Es curioso, pero en seguida estuvimos en nuestra casa. Una casa es aquella donde estás en ese momento con los tuyos. Enseguida estuvimos en casa de nuevo. Sólo hubo un rato, media hora o tres cuartos de hora, el tiempo que nuestra vida, nuestras cosas, nuestros objetos estuvieron en el camión durante el camino en el que estuvimos en una especie de limbo, de lugar impreciso, de no lugar, de no hogar, pero en cuanto llegamos al nuevo destino y nos dejaron las cosas los hombres de la mudanza -por cierto que hombres y que trabajo más duro- estuvimos nuevamente en nuestra casa.




Hace ya algún tiempo que empezamos a despedirnos del pueblo. De la gente sobre todo, claro. Hay buenos amigos que lo seguirán siendo, pero hay otra buena gente a la que no veremos más y hemos ido despidiéndonos poco a poco. Sobre todo en la escuela de música, donde hemos pasado tan buenos momentos.



María José, profesora de solfeo ha tenido una paciencia brutal. Con los niños entiendo que hay que tener paciencia por el jaleo y todo eso, pero con los mayores... que no estudian y que son/somos torpes y despistados también hay que tener mucha y Maria José durante todo este tiempo la ha tenido y nos ha enseñado mucho.


La plaza del pueblo. Además de estar la escuela de música está ubicada la iglesia, donde hemos asistido a comuniones, bautizos, conciertos...

Salva es el director de la escuela. Es jóven y tiene muchas ganas de hacer cosas. También es el marido de Maite, la profesora de violín que Cristina ha tenido durante años, que es estupenda. Forman una pareja musical y ahora paternal fabulosa.


La plaza, quizá mejor no recordar quienes y cuando nos hemos reunido aquí durante años. Aunque es realmente fea y no tiene nada de especial, si uno se pone nostálgico...  pues eso...



Tocando el cajón en la audición de lenguaje musical.


Esta se ha colado en medio de todo esto. Es Prada, la nueva mascota de Cristina. Se la regalamos porque hemos comprobado que realmente Cristina se ha esforzado mucho este curso entre los estudios del cole y la música. Se lo merecía. También ha viajado a Majadahonda.


Esta fué la audición del combo, lástima que no hay video. O quizá mejor, porque así en fotos parece que tocamos y todo.


Conchita canta muy bien. Pertenece a varios grupos de jazz, clásica...


Además es profesora de inglés de profesión, por lo que el tema de la pronunciación está completamente salvado.




En los últimos tiempos Isabel y su inseparable amiga Toñi formaron parte del grupo de teatro del pueblo.


Aquí están en la última obra que han interpretado esta temporada.


Los compañeros de clase de música.


Anochecer desde la azotea.

El mismo cielo,
desde otro lugar.

5 comentarios:

juan dijo...

Muy emotivo, Luisito.
Que cosas tienes, majete.

Charo dijo...

Yo también he echado mis lagrimas al leer esta entrada.
Os deseo lo mejor.
Besos

TOÑI dijo...

Luis,muy chulo,nos vemos pronto.Disfrutar de vuestra nueva etapa.
Besos

Bea dijo...

Me ha emocionado, he recordado mis muchas mudanzas.
Te seguiremos desde tu blog y asi seguiras un poco con nosotros.

Victoria dijo...

Precioso post, Luis. Me ha emocionado mucho cómo describes lo que sentías al trasladarte de una casa a otra.

Ramón y yo llevamos ya unas cuantas mudanzas y hemos experimentado también sensaciones muy parecidas.

Os deseamos lo mejor del mundo en vuestro nuevo hogar.

Besos de tu prima