domingo, 10 de julio de 2011

Los libros y la muerte


La verdad es que en los últimos años he leído algunos libros con el tema como eje principal de la obra. No es nada nuevo claro, pero creo que sí en este libros que junto por tener varias cosas en común. Los dos primeros los he leídos consecutivamente y los otros los saco a colación por haberlos leído hace algún tiempo y pertenecer a este grupo de libros de ensayo que tratan de una manera u otra el tema de la muerte.
El primero es el de Luis Mateo Díez. Me llamó la atención que fuera un breve -demasiado tal vez- ensayo sobre las impresiones que él tuvo en las repentinas muertes de dos familiares suyos muy allegados. Es un libro muy poético, antiguamente podría llamarse prosa poética.
Es una obra calificada por él mismo como su libro "más íntimo", en la cual abandona la ficción para rendir homenaje a sus familiares y seres queridos fallecidos. "El libro habla de pérdidas, de desapariciones y de cómo el tiempo luego, en cierto sentido, recompone, aunque yo pienso que la muerte puede entenderse pero jamás comprenderse", apunta.
La obra, que lleva por subtítulo 'La muerte de los seres queridos', ha sido para el académico "un libro de esos que pone en tus manos la vida, las propias circunstancias, la memoria personal y cuanto sucede a tu alrededor", y está escrito "desde la necesidad" tras sufrir en primera persona dos sucesos familiares trágicos: la muerte de su sobrina Sonia y de su cuñada Charo.
Es precisamente la primera, la fotógrafa Sonia Díez, quien protagoniza la parte más amplia del libro. "Necesitaba indagar en su vida, intentando descubrir algo que explicara el misterio de su desaparición. Esa labor para mí ha sido muy consoladora", explica. Ella es quien esconde el origen del título, extraído de un poema de Georg Trakl que le gustaba mucho (titulado 'Sonia', arranca con los versos: "Vuelve el anochecer al viejo jardín; la vida / de Sonia, azul serenidad. Migración de aves silvestres en otoño; / árbol desnudo y serenidad"), y una de sus fotografías es la que preside además la portada, "una metáfora maravillosa de los frutos de la vida".
El libro, según apunta el autor, "contiene un homenaje a esos seres queridos que todos hemos perdido, y que están anónimamente esparcidos en el más allá, sin remedio. Muchas veces hasta participan ya de nuestro olvido; la memoria se diluye pero siempre está la huella de lo que fueron en el corazón".
"Necesitaba entender lo que había pasado y andar un cierto camino de comprensión". Por ello, el creador del universo de Celama afrontó el que para él es "uno de los principales retos de la novela contemporánea: contar no ya la vida, sino el sentido de la vida". "Está escrito además desde lo personal, pero con un sentido consolador y que pueda atañer a todos. La idea es que cualquier lector pueda ver reflejados sentimientos, afectos o tribulaciones de lo que ha sucedido en su vida. Tiene mucho que ver con mis temas habituales, sobre todo con las pérdidas y las desapariciones, que es de lo que yo he escrito siempre, en este caso desde una dimensión más particular, más personal y más comprometida con mi propia historia", detalla.




Azul serenidad' surgió fruto de "una primera necesidad ligada a ese desconcierto y a ese golpe terrible que es la muerte inesperada", tras la cual las palabras plasmadas reposaron en el papel "remansándose". Ahí surgió la idea de hacer un recuento de los seres queridos fallecidos, "en un intento de dar algún tipo de consistencia a lo que fue el destino de sus vidas. De eso trata el libro".
"Me costó mucho decidirme, lo escribí con mucha naturalidad y luego lo he dejado reposar para que se enfríe. Ha pasado tiempo hasta que me he decidido a publicarlo, aunque tenía muchísimos requerimientos. La razón fundamental que me animó fue que la gente que lo fue leyendo me dijo que éste es un libro que puede resultar muy consolador para cualquiera. No es una de esas obras que realizan incursiones terribles con una visión desesperada de las cosas; tampoco con resignación cristiana, porque yo no la tengo; pero sí propone una reflexión sobre las desapariciones que nos conciernen en lo pequeño, en lo inmediato, en lo cotidiano".





En su más reciente viaje a Sri Lanka, el maestro de yoga y orientalismo Ramiro Calle contrajo una rara enfermedad que estuvo a punto de costarle la vida, pero que a la vez le proporcionó la oportunidad de replantearse su existencia y reinventarse a sí mismo. Esta obra es el relato de esa reciente y durísima odisea personal.

Relatado a modo de diario sin artificios el libro se lee con inquietud e interés. Esa rara enfermedad que casi le cuesta la vida le lleva a estar ingresado en La Paz donde tiene la oportunidad de tratar tanto con gente buena que le acompaña, le trata y le cuida con afecto como que también tiene que tratar sin más remedio con el despotismo, la altivez y la poca compasión con la que tratan a los pacientes muchos empleados de la medicina.
 
             

Es un libro muy interesante aunque apena comprobar lo sufrido por el autor pero que también consuela comprobando la manera en que pudo y quiso salir de todo aquello tanto él como las personas que le quieren y le ayudaron. Es desde luego un libro también sobre la muerte. En este caso sobre la cercanía de la muerte, como la vive una persona que está a punto de morir y como mira la vida que aún tiene alrededor.


En este cuadrado incluyo los otros libros que he leído y que tienen que ver de forma directa con la muerte.