domingo, 5 de diciembre de 2010

Este Sol de la Infancia


Toda obra de teatro, libro, video o artículo que trate sobre la figura de Antonio Machado en principio me interesa. Por eso fuimos Maria Isabel y yo a ver esta curiosa obra de teatro a la sala independiente La Puerta Estrecha. Llegamos un poco antes de tiempo y dimos una vuelta por el barrio de Lavapiés al que hacía tiempo que no iba y me sorprendió cual paleto de provincias el ambiente entre cosmopolita y tirando a peligrsosillo que se respiraba por alguna de estas estrechas calles. Cuando llegó la hora de entrar fuimos al hall del teatro donde nos reunimos alrededor de veinte personas -quince decían que era el aforo- y una vez cerraron las puertas comenzó una representación como digo muy original. Apareció una actriz vestida de asistenta de la pensión donde pasó los últimos dias Machado. Se dirigió a nosotros y nos contó que íbamos a entrar a la pensión e íbamos a recorrer las estancias de la casa en una especie de visita a la pensión de aquellos días. Entramos en silencio en la primera estancia y vímos a la madre del poeta metida en la cama, respirando con dificultad. Se levantó y comenzó a hablar sobre la situación en que vivían.


Al cabo de un rato se nos pasó a una estancia siguiente que resultó ser la cocina y allí nos sentamos todo el público y asistimos a varias escenas con ella y también aparecieron después unos milicianos. Teníamos una agradable sensación. Estábamos asistiendo a una representación teatral, pero la forma era desde luego original. Los actores pasaban a nuestro lado, miraban hacia nosotros como si no estuvieramos alli. Después en un pasillo apareció la figura de Don Antonio Machado. Tanto el actor que interpreta a Machado como algún otro son argentinos y si no me equivoco residentes en España desde hace años. Lo digo porque los grandes actores argentinos suelen dominar este tema del acento y en el caso de representar a Machado creo que debían haber hablado con el más puro castellano que pudieran. De hecho sé que estos actores llevan años en España porque ya hace mucho cuando mis hijos eran pequeños los llevé a alguna representación de su compañia La Pajarita de Papel con el actor y director argentino Rodolfo Cortizo.



Recorrimos un pasillo hasta llegar a una estancia que sería algo así como un salón comedor donde además había un pequeño escenario y allí se representó la mayor parte del resto de la obra. El ambiente era lúgubre, triste, sobrecogedoramente realista. Evocaciones sobre los últimos días del gran poeta, la desgracia de que fuera de esa manera, en la pobreza, en la distancia de su tierra. La obra es muy recomendable aunque muy dura. Durante la representación se me pasó por la cabeza que aquello que estaba viendo era susceptible de llevarse a la pantalla en forma no ya de corto sino de mediometraje, tal era su duración de aproximadamente una hora. La verdad es que ya estaba montado gran parte de lo necesario para rodar: un decorado, actores, la historia, pero luego pensé que además de que la historia no solo es triste sino que se acerca a lo deprimente, no estoy seguro que funcionara fuera del ámbito teatral. Por otro lado también enseguida vinieron a mi mente todos los demonios del cinematógrafo (los actores son odiosos, hay que darse palizas de horas de rodaje...) y lo dejé pasar como tantas veces. Cuando terminó la representación los actores salieron de escena y volvió la mujer del principio que nos había dejado solos, la asistenta y nos acompañó a la puerta. Nos dijo que únicamente habíamos recorrido una casa vacía desde hacía mucho tiempo y llena de recuerdos. Los actores no salieron a saludar. La sensación fué extraña. Al fin y al cabo no asistimos a una representación teatral sino a una visita a una pensión histórica, a una casa vacía, llena de recuerdos... y de fantasmas.



Pensión Quintana de Colliure en la actualida.