domingo, 1 de enero de 2012

Voces para la Paz


Ayer fuí a recoger el cd que amablemente me han regalado por participar en un evento que desde luego no había olvidado, pero sí tenía ya en la segunda línea de recuerdos gratos vividos durante este 2011. Cuando lo puse en el coche y empecé a escucharlo inmediatamente volvieron a mí las imágenes y las sensaciones que viví aquella tarde en el auditorio nacional de Madrid el 12 de junio de este año que ya ha terminado. El poder evocador de la música es impresionante.


Una de las cosas buenas que tiene mi coche es un potente equipo de música. El volúmen es importante, al menos para mí. Los atascos y semáforos dejan de tener importancia cuando se va escuchando buena música. Empecé a recordar en cual de los coros amateur en los que suelo colaborar alguien me dijo que iba a celebrarse un concierto benéfico. Había que ir a ensayar un par de días como coro de apoyo con el Coro y la Orquesta Nacional. Como nosotros sólo teníamos que participar en dos o tres ocasiones a lo largo del concierto nos convertimos en participantes pero también en espectadores privilegiados de un extraordinario concierto. Sin saber muy bien cual era el contenido de todo el concierto (nos dieron las partituras de nuestros fragmentos en los que cantar) aquello empezó con una divertida broma musical instando al público a que apagaran los móviles para después arrancar con el Así habló Zarathustra de Strauss utilizado por Kubrick para su Odisea del espacio. Impresionante. Los pelillos de punta. Gran ovación.

Aquello tenía el sugestivo título de Juntos en el Cine. Continuó con la Cabalgata de las Walkirias. La cosa iba in crecendo cuando sonó Edelweiss de la película Sonrisas y Lágrimas. Me acordé de mi madre, se hubiera emocionado al escucharla, siempre lo ha hecho, pero si hubiera estado allí... con más razón. No pudo ser, para cuando me enteré de todo ya estaban más que agotadas las entradas. Otra vez será. Pero los organizadores lo programaron muy bien, después de la lagrimita subía el ánimo con Los Siete Magníficos y esos sonidos tan de western sonando allí mismo y aunque recordaba a otros tiempos no aparecía la nostalgia, sino la sonrisa, al estar escuchando una del oeste allí en el Auditorio Nacional. Pero la sonrisa sí fué ya al completo cuando sonó La copla de las divisas de la película Bienvenido Mr. Marshall, la clásica: americanos... 
Muy bien el cambio de tono o de ánimo. El lago de los cisnes con unos jóvenes bailarines actuando allí en directo a un lado del escenario. Volvió el buen humor con La máquina de escribir de la película Lío en los almacenes, estupenda interpretación a la máquina de escribir de un magnífico Alfredo Anaya. En la película Jerry Lewis hace un divertido número musical, pero escribiendo con las manos al aire, pero este intérprete (entiendo que será un estupendo percusionista) lo hace allí, junto al director y con una máquina de escribir de verdad... ¡fantástico! Suenan Los Beatles y vuelvo a pensar en las personas que disfrutarían escuchando este concierto y no están por diferentes razones, algunas de ellas por ser imposible ya que fueran. Después Leonard Berstein y el famoso Mambo de West Side Story vuelve a poner las cosas más animadas (llego a pensar que esto es una montaña rusa de emociones) y a continuación Casablanca, la primera vez que interveníamos los de arriba cantando La Marsellesa, La canción comienza con su clásico estilo tipo jazz de café lleno de humo para terminar todos cantando en una especie de enfrentamiento musical entre países en guerra.. espectacular, emocionante...


Después de la pieza de La Misión volvimos a intervenir en la novena de Beethoven y auditorio se venía abajo como otras veces ya que este es un clásico de poner los pelos de punta al personal. Después El Rey León, Amistad, aquello se notaba que se acercaba al final, a un final a la altura de aquellas circustancias.
Aunque lo habíamos visto en los ensayos, la emoción fué brutal, como si fuera la primera vez. Si el Amazing Grace es de por sí muy potente y emotivo, saber que las últimas estrofas también las cantaríamos nosotros cuando comenzó la brutal melodía en manos (o en boca) de un joven gaitero que se había colocado como solista junto a la orquesta ya aquello apuntaba maneras de ir directamente al corazón. Después entró el coro que ya empezaba a subir bastantes grados la tensión emocional junto a la orquesta. Como decía antes el volúmen es importante y allí había volúmen. Lo siguiente bien calculado y preparado fué la aparición arriba del todo y a ambos lados del escenario un gran grupo de gaiteros que se sumaron a la melodía que subía... subía... subía, luego otra vez el coro, ahora todos... aquello era un final a la altura, de muy alto nivel, notabas que estaba preparado todo por profesionales y con ganas, con talento. Y yo ahí... en medio ¡¡¡¡participando!!! y también como espectador privilegiado... ¡¡¡madre mía!!!!!



Cuando terminó el concierto salió a decir unas palabras Juan Carlos Arnanz, un hombre sobre el que aún no tenía yo mucha información pero del que ya se veía claramente que tenía cara, aspecto y maneras de ser buena gente. De haber sabido lo bien expresadas, medidas y emocionantes que fueron sus palabras las hubiera grabado con el móvil, pues me gustaría recordarlas exactamente y ahora ya no me es posible. Pero sé que fueron unas palabras muy apropiadas para la ocasión y muy clarificadoras sobre lo que es el proyecto Voces para la paz en el que lleva metido ya tiempo. En estos tiempos de confusión que vivimos  con Ong's, dineros y trajes se veía tan nítidamente que este hombre hablaba de verdad de ayudar a gente que lo necesita, se veía su honestidad, su entrega, sólo había que escucharle y verlo. También me parecía que alguien que había movilizado a tanta gente para que se crearan unos momentos tan magníficos y que además se generaran ingresos destinados a ayudar a personas que lo necesitan no podía ser más que un buen tipo ¡qué nitidez!¡que claro se veía todo!¡qué gran valor!
Bueno y todo esto lo pensé en el coche, cogiendo afortunadamente algún atasco de casa de mi madre al trabajo, que también por suerte para la ocasión hay un largo trayecto que me permitió escuchar del tirón el disco grabado en directo de todo lo que he contado. Pienso si tendré la suerte de volver a repetir un concierto así. También pienso que no se me ocurre mejor regalo de navidad que este disco y tan fácil como comprarlo en su web o en la tienda de La Casa Encendida de Madrid.