domingo, 19 de octubre de 2008

Pozos de Ambición

Tuvo dos oscar en 2007 Uno como mejor actor principal a Daniel Day-Lewis, otro a la fotografía y ocho nominaciones que no acabaron en premio. Leo las críticas y las hay dispares pero, en general la mayoría hablan de obra maestra, obra magna, gran film épico, etc. No puedo estar más en desacuerdo. A mí la película no me gustó. En primer lugar porque desde el principio ya se nota que el director quería hacer una obra maestra, quería ser un gran careador con su gran obra y eso creo que no es. La obra maestra lo es o lo será por otras cuestiones relacionadas con el desarrollo de la obra, no porque pretendidamente se quiera hacer una obra maestra desde el principio y demostrar que uno es un genio. Eso es muy pretencioso y normalmente sale mal. Después porque en esa búsqueda de excelencia (que en su medida es legítima) ha escogido los tópicos de otras películas que si son grandes obras por haber contado las cosas de forma distinta y con métodos novedosos para su época. Me explico. Hay cosas de otras películas. Empezando por el personaje. Creo que Daniel Day-Lewis emula de forma muy directa a un De Niro o Pacino en El Padrino, cantando La Traviata a método Stanislavski (será por un reciente curso recibido de dirección de actores y lo tengo más fresco el tema). Será porque repite los tópicos de esta y otras películas gangster, hombres con poder hechos a sí mismos con métodos poco ortodoxos, etc. Un tópico clarísimo es que el personaje tiene que hablar poco, tener supuestamente una gran vida interior, mirada perdida y sobre todo arrebatos de violencia en los que tiene que matar a alguien con sus propias manos, o con utensilios varios. Véase el bate de beisbol en El Padrino, véase el bolo de esta película. Para hacer una obra maestra un norteamericano de hoy debe rodar a la europea, es decir con ritmo lento, dedicarle largos planos a una simple caminata o algo de muy escasa importancia con la música muy arriba como si fuera el culmen de algo que acaba por no ocurrir. También debe decirle a su compositor que quiere algo de música culta dentro de la banda sonora, como en este caso un tema de un compositor estonio (el genial Arvo Part aún vivo) con claros aires eslavos en un ambiente del oeste americano produciéndose un chirrido músico-visual tremendo, que delata al director demostrando que quiere ir en ese momento de cultureta musical. Por supuesto el metraje tiene que ser excesivo, si no, no podría ser una obra maestra, aunque le sobren más de una escena y alguna otra se hubiera podido resolver con más agilidad. En fin, no hay nada como ser un genio para hacer un bodrio de película.