domingo, 18 de enero de 2009

Con un par... de ovarios

Hay que tener mucho valor para actuar como lo hace esta mujer.



Nadie va descubrir ahora el valor y la valentía de cualquier mujer, tanto en la paz como en la guerra a lo largo de la historia. Pero resulta impresionante observar la valentía de esta mujer palestina frente a las armas de los soldados israelíes. No es una imagen reciente del conflicto de Gaza, son de al parecer hace un año, editadas por una cadena coreana, pero merece la pena verlas porque son impresionantes en cualquier momento.



La poesía no está de moda ¿pero alguna vez lo estuvo?




Acabo de leer este fabuloso libro de poesía, aunque no está escrita en verso y la verdad es que no sé muy bien si es poesía o no. O si es aquello que antiguamente se llamaba prosa poética, textos que tan bien escribía Umbral sobre todo cuando era joven. Aunque qué más dá. Es un libro evocador de la infancia, de como transcurría el tiempo en esa época de la vida, sobre todo en verano, las tardes de verano... La edición de Pre-Textos es una maravilla, el papel, la tipografía, un libro hecho con mucha sensibilidad no solo en el contenido, sino que cogerlo entre las manos es también parte del proceso creativo de los autores.
Reproduzco un pequeño extracto.

¡Que anchas eran las tardes! Se perdía uno en ellas. Estaba el cielo alto sobre el patio, o el jardín, la tarde, como el mar en los mapas, llenándolo todo de azul, y nosotros como barquillos en el mar. No sabíamos donde ir, ni en qué quedarnos, ni para qué. Subíamos a los corredores o bajábamos al jardín y nos quedábamos junto a la fuente, metíamos la mano en su agua, oíamos los gorriones, quizá cruzaba un palomo, o caía una campanada. Por la calle, nadie. Porque los que pasaban a diario acababan por no ser nadie, ser un poco más de aquel silencio, tan grave, de la tarde.
Y uno andaba vacío, de acá para allá, sin tener donde asirse, vanamente; de acá para allá, esperando con vaguedad la llegada de algo sobre la tarde, tan ancha, tan serena e impenetrable.

Son unos textos realmente hermosos para leer tranquilamente en un sillón, en una tarde de invierno, en la cama poco antes de dormir con algo de música tranquila de fondo. Hay poesía más críptica, más difícil de descifrar y que cuesta más entender. Ese tipo de textos la verdad no me gustan. Pero luego hay otros autores, como Muñoz Rojas, que escriben desde la aparente sencillez, textos diáfanos que llegan a mi modo de ver más directamente al alma. Qué maravilla.