Hace aproximadamente un año que conocí la existencia de los Conciertos Participativos de la Fundación La Caixa. Me llamó poderosamente la atención. Aficionados a la música con ciertos conocimientos de música que quisieran cantar una obra coral de envergadura como El Mesías de Haendel. Al parecer en Cataluña lo venían haciendo desde hacía tiempo y ahora lo iban extendiendo por otras ciudades de España. En Madrid se organizaba una selección para El Mesías. Ya se había terminado el plazo y además sentía que podía ser un poco precipitado haber intentado participar en ese evento. Apunté en mi Moleskine de un año vista el día en el que debía ponerme a investigar para la edición del año 2009. Lo dejé estar, seguí con mis clases de música y con la vida... Transcurrido un año la legendaria libreta/agenda me recordó que debía estar al tanto de la nueva convocatoria. Esta vez sería otra obra magna, el Carmina Burana de Karl Orff (parece ser que su pronunciación original es la de Cármina Burana). Seguí las instrucciones de la página web para poder participar. Preparé los fragmentos que pedían preparase y acudí al Auditorio Nacional un domingo por la mañana a una audición. Yo, que tantos casting he hecho a lo largo de mi vida, ahora, a estas alturas se cambiaban los papeles. Yo estaba del otro lado. Llegué con demasiado tiempo de antelación pensando que habría alguna aglomeración. Fué lo contrario. No había nadie. La gente estaba citada a una hora concreta y se cumplía un riguroso orden de uno a uno. Para hacer tiempo me senté en la terraza que hay frente al auditorio junto la gente que disfrutaba de un aperitivo leyendo los periódicos del domingo. Yo también me senté, pedí una cerveza y me puse a repasar la partitura. Al rato pensé que ya era demasiado tarde para estudiarla, como hacía de joven -estudiar en el último momento- y pensé que la suerte estaba echada y lo mejor era relajarse, disfrutar de la mañana soleada y de la cerveza y me dediqué el resto del tiempo a leer también los periódicos. Cuando llegó el momento volví al auditorio y me hicieron bajar a un hall donde esperé mientras veía las fotos de músicos famosos que colgaban de la pared. Me preguntaron si quería pasar a una sala para calentar la voz. La verdad es que yo lo único que he calentado últimamente eran los músculos de las piernas antes o después de una carrera. Dije que no, pero una chica que acaba de salir de la prueba me recomendó que lo hiciera. Para no quedar ya como una auténtico aficionado/ignorante accedí y pasé a una sala grande, vacía y con un gran piano de cola. Estaba allí solo, solo de verdad, estirando... digo calentando la voz. Laaaaaaa, miiiiiiii....
Me vinieron a buscar y me condujeron a una sala anexa y parecida a la que antes me encontraba. Me recibió un hombre encantador que me presentó al pianista, un hombre joven. El director -Joan Cabero- sería más o menos como yo, quizá algo más jóven. El trato fué en todo momento afectuoso y muy paciente, me hacia repetir y me corregía, por lo que al cabo de unos minutos pensé que la cosa no iba bien y que podía ir despidiéndome. Para mi sorpresa -de verdad- el director afirma que parece que no he estudiado mucho -lo cual era verdad- pero que cree que si me comprometo a estudiar la partitura de verdad me da como apto. Fué una sensación muy agradable, y emocionante. Salí contento y le dí las gracias por la clases, porque realmente me pareció una clase de música gratuita lo que había recibido.
Dicen que una de las grandes satisfacciones para un amante de la música es participar directamente en un evento musical en grupo, intervenir con más personas en un hecho artístico, sentirse dentro y parte de un todo con la música, con las sensaciones que se experimentan en esos momentos de pura creación. Esas razones las he venido escuchando en los últimos años y desde hacía tiempo estaba buscando el lugar y la forma de hacerlo. Creo que lo he encontrado.
Este sábado y domingo han sido los dos primeros ensayos. Auditorio Nacional. 300 personas cantando el Carmina Burana. Emocionante. La dirección de Joan Cabero continúa en la línea de lo que le ví hacer en la audición. Realmente dar una clase magistral mientras dirige. Con simpatía y con un saber estar en el escenario que realmente sobrecoge; el tiempo pasa volando -sólo hay un descanso de media hora de las cuatro de ensayo- y la sensación como digo es la de estar participante de algo especial. La gente que forma este coro montado para la ocasión es de lo más variopinta. Desde gente mayor -hombres y mujeres- hasta jóvenes. Gente de aspecto clásico y gente a la última. Moteros, amas de casa, estudiantes... de todo. Una gran experiencia.
La Wikipedia dice lo siguiente:
El término procede del latín cármĕn carminis, ‘canto’ o ‘cántico’ (no confundir con la palabra árabe carmén ‘jardín’), y burana es el adjetivo gentilicio que indica la procedencia: ‘de Bura’ (el nombre latino del pueblo alemán de Benediktbeuern). El significado del nombre es, por tanto, ‘Canciones de Beuern’.Aunque generalmente se encuentra escrito Carmina (sin tilde, como en el original latín) se pronuncia /kármina/. Para evitar que un hispanohablante pronuncie erróneamente (lo cual sucede con mucha frecuencia entre músicos y locutores), la Real Academia Española[1] sugiere que a las palabras latinas se les coloque la tilde (en casos como este en que la ortografía latina no coincide con la española).
