domingo, 23 de agosto de 2009

Cine de Verano con Muletas


Aprovecho para ver cine de autor. Como las veo en el ordenador puedo ver pelis de las que mis hijos llaman esas pelis raras chinas que tú ves.
Está bien verlas en la pequeña pantalla del miniportátil -que San Carlos Boyero me perdone- pero se pone uno la pantalla cerca y unos auriculares y la verdad es que es una especie de gran sala de cine. Con los auriculares se escuchan gran cantidad de matices sonoros que hacen que uno entre aún más en la película y las minipantallas, la verdad, se ven cada vez mejor.
Empiezo viendo El último viaje del juez Feng. El autor no se anda con tonterías, el título lo cuenta todo: Provincia de Yunnan, al sudoeste de China. Un tribunal ambulante recorre los sinuosos caminos en su gira anual. El viejo Feng es el juez. Su secretaria, Yang está a punto de jubilarse. Les acompaña el joven juez Ah-Luo, que se estrena en esto de las giras. Un caballo viejo transporta la insignia nacional, los expedientes y todas sus pertenencias. Un viaje fuera de lo común por la China rural y sus minorías étnicas, en donde, a través de los conflictos, se nos muestran tradiciones y leyes ancestrales y cómo la justicia del Estado choca con la sabiduría campesina. Creo que este tipo de cine está mucho más cerca de la poesía que de la narrativa convencional. El tempo, la foto, el sonido y sobre todo los temas están vistos desde la óptica de una sensibilidad ilustrativa, sin grandes artificios y de una gran humanidad. Una de las oportunidades de este cine es la aprender de otras culturas, culturas poco transitadas por lo medios de tal manera que la peli se convirte en una especie de National Geographic de ficción, naturalista y tremendamente creíble. Ver en este caso el difícil viaje de un juez ya mayor, su secretaria y un juez joven por lugares remotos impartiendo justicia de verdad, hacia los pequeños pueblos con asuntos tan terrenales como divorcios, dotes o asuntos de lindes. Yo particularmente soy fanático de este tipo de cine, lo saboreo cuando compruebo que es de verdad claro, cuando notas que las imágenes trasmiten esa verdad y no una impostura -que a veces ocurre- con supuestas pelis culturetas y pretendidamente intelectualizadas.


La segunda peli de crítico/convaleciente con el pie chungo no puede ser más acertada. Disfrute total. Siempre desde el punto de vista desde el que estoy hablando, claro, no vaya a correr todo el mundo a verla sin tener en cuenta que hablamos de cine de autor. Planos largos, poca música, sonido directo, actores de gran talento, desconocidos, actores no profesionales, temas alejados de nuestra rutina diaria... En unos parajes inhóspitos del Kurdistán postSadam un afamado músico que ha vivido exiliado inicia un viaje en busca de sus numerosos hijos -todos músicos también- para realizar un concierto en la ciudad. Ayudado por un fiel amigo que conduce un autobús recorre las solitarias carreteras que separan los diferentes pueblos donde viven sus hijos. Para el viejo es un viaje obligado y con final incierto ya que los numerosos impedimentos que les suceden hacen dudar sobre su propósito. Controles mulitares, no todos sus hijos quieren acompañarle, una de sus hijas -conocidad cantante- está perseguida aún por los militares, todo son impedimentos.
Los kurdos son un pueblo sin estado y, según el director de la película, la esencia de ese pueblo sin estado está en la "mezcla de tragedia y comedia con la que se ha enfrentado a tantos sufrimientos y tragedias en la historia", de ahí que busquen el refugio "en el humor y en la música para poder seguir adelante, para no perder la esperanza en un destino que no sea tan amargo".
El director sabe mezclar el mundo simple y árido de un país en dificultades con la sociedad moderna. Conviven los teléfonos móviles y los ordenadores portátiles con lo ancestral del páramo y un universo sonoro que está por desaparecer.


Esta película obtuvo un Oso de Oro en el Festival del Berlín del añ0 2007. Transcurre en los grandes páramos de una Mongolia controlada por China. Cine de silencio y desolación. En la onda de La Historia del camello que llora cuenta la historia de Tuya, una joven mujer que trabaja duro para sacar adelante a su familia, dos hijos y un marido tullido. El gobierno chino intenta acabar con el nomadismo por lo que acuden numerosos pretendientes de la ciudad para que Tuya se divorcie y se case con alguno de ellos y se marchen todos a la ciudad. Le ofrecen toda clase de bienes pero Tuya solo tiene una objeción, quien quiera casarse con ella deberá manterner también a Bater, su marido inválido. Esto lógicamentees es una fuente de conflictos. Se suceden los pretendientes, entre ellos se encuentra el rico Baolier, un antiguo compañero de colegio. Está lleno de buenas intenciones y parece reunir las condiciones necesarias: se ha divorciado y trabaja en el negocio del petróleo. Tuya empieza de nuevo a buscar marido. No parará hasta que su familia sea feliz, pero no quiere abandonar la vida rural y tradicional de la Mongolia Interior a pesar de las tormentas de nieve, la creciente desertización y, peor aún, de la presión gubernamental. El ritmo del film es semidocumental disfrutando no sólo de buen cine sino también aprendiendo de las costumbres del pueblo Mongol. Para mí el cine no es sólo entretenimiento, sino que tiene que cumplir también una musión enriquecedora y didática.
Del director de la interesante Ciudad de Dios y El Jardinero fiel Fernando Meirelles, A Ciegas es una daptación de Ensayo sobre la ceguera del Premio Nobel portugués José Saramago. Una curiosa epidemia de ceguera sacude un país. Las primeras víctimas de este accidente son encerradas en un hospital sin recibir explicaciones ni apoyo. Entre ellas está una mujer que conserva su vista en secreto para poder acompañar a su marido ciego. En el encierro se darán todo tipo de atrocidades y en la calle dominará el caos y el terror. Este cine está en las antípodas de lo comentado anteriormente. No está mal ver una película de acción, intriga y demás después de tanto cine digamos intelectualizado. No sé como será la novela de Saramago, pero Mereilles ha hecho con ella una película de puro entretenimiento para ver en una buena pantalla, con buen sonido y palomitas. Un poco pretenciosa eso sí, debido al tema apocalíptico -esto parece implícito en el género desastre/epidemia/fin del mundo- contiene un reparto irregular. Mark Ruffalo cumple -no es fácil hacer de ciego sin caer en el tópico- Danny Glover no se entiende que aceptara un papel tan secundario, Gael García Bernal hace de malo malísimo y Julianne Moore como suele ocurrirle a Meryl Streep no para de llorar durante el metraje. Se pasa el rato.

Una anciana pianista, que da clases de música en una cárcel alemana, descubre el talento de una joven y conflictiva presa, Jenny, de 21 años, y decide presentarla a un certamen musical para jóvenes intérpretes. Para lograr el primer premio, las dos mujeres, absolutamente opuestas en apariencia, se van a ver obligadas a trabajar en equipo, a aprender a conocerse y a respetarse. Cuatro minutos es una película muy dura. Dura visualmente -no se escatima en imágenes violentas del ambiente carcelario- dura por las relaciones que se establecen entre los pocos personajes que aparecen en el film, pero cine de nivel, de alto nivel.

En otro orden de cosas está el Mundial de Atletismo. Con el pie vendado y en alto sólo dejo de ver cine o leer para ver el Mundial de Berlín. Merece la pena ver imágenes de esfuerzo y superación como se ven en estos campeonatos. ¡Qué increíbles imágenes hemos podido ver estos dias!