sábado, 2 de agosto de 2008


Están tan de moda esas películas donde desde el principio tienen que ocurrir cosas (sobre todo las pelis americanas). Según los gurús de aprendices de guionistas en los primeros quince minutos tiene que ocurrir algo. A continuación debe de haber un giro que sorprenda al espectador... en fín claves para conseguir un éxito. La verdad es que en cuanto empieza una película con este esquema digamos que se les ve el plumero, el esquema, el truco final... Esta es una película como se decía antes de diálogos, una película de personajes y todo lo contrario a lo anteriormente dicho. Con una acción contenida, lo que mucha gente dice lenta, la acción transcurre en una casa de campo cerca de París donde un pintor de éxito profesional y escaso éxito personal va a pasar una temporada y conoce a un antiguo amigo de la niñez que ahora es su jardinero. Entre los dos surgen diálogos sobre lo más cotidiano y también sobre los más importante, pero dicho de manera natural, como si no estuviera escrito en un guión (basado en una novela por cierto). Lo contrario que Garci, que siempre pone en boca de sus personajes gradilcuencia. palabras que nadie diría, sacadas de películas de los años cincuenta, en esta película ocurre lo contrario.  A los personajes les creemos enseguida por como hablan y se comportan frente a la cámara. Una cámara por cierto que no hace apenas nada. Como debe ser, se dedica a estar, simplemente estar delate de los personajes, sin movimientos de grúa ni travelling ni demás efectismos. Estas películas solo las saben hacer bien los franceses. Los norteeuropeos se quedan en la contemplación (Bergman)  los italianos en en el efectismo emocional (Cinema Paradiso, La Vida es bella) los españoles no se acercan ni siquiera al género y los franceses sí lo hacen, saben poner a los personajes delante de la cámara y ofrecer un poco de vida sin que se note que se está haciendo una película. Como se escribía en la revista París Match a propósito de su estreno, Qué felicidad ver una película que nos lleva, en el sentido noble del término, al huerto.