domingo, 1 de agosto de 2010

Festival de Olmedo



Un verano hace más de veinte años Maria Isabel y yo fuimos con Maria y Luis (Cris no había nacido) al recientemente inaugurado por aquellos tiempos parque Tierno Galván de Madrid. Un sitio estupendo donde estuvimos paseando y jugando con los niños hasta tarde. Por la noche nos sentamos en una terraza en una especie de auditorio/anfiteatro a descansar y tomar algo. Luisete se quedó dormido en brazos y María apenas aguantaba el sueño, pero comenzaba a hacer fresco y se estaba bien allí.  Detrás de una especie de escenario en el que no había nada preparado como tal comenzaron a salir unas figuras con una música que empezaba a sonar de fondo. La música y la forma de las figuras en la oscuridad presagiaba que allí iba a ocurrir algo, comenzaba algo aunque no sabíamos qué. Algunas de esas figuras se movian arrastrándose y se acercaban hacia nosotros. Comprendimos que se trataba de algún tipo de espectáculo y empezamos a disfrutarlo con una cierta inquietud ya que las figuras eran personajes extraños, deformes. mostruos, hadas y seres inquietantes, actores ataviados con unos disfraces extraordinarios en los que no se veía ningún atisbo de la persona que iba dentro. No sólo era ropa lo que llevaban sino artilugios mecánicos, alas o arrastraban cosas. Un hada gigante sobre unos zancos y con unas grandes alas emitía una especie de graznido entre humano y animal. No hablaban, se acercaban, nos miraban pero claro no nos tocaban. Lógicamente los niños no lo tenían muy claro y hubo que explicarles lo que era aquello para que no se asustaran demasiado. Luisete estuvo todo el rato dormido y los actores yo creo que conscientes de el tipo de espectáculo que realizaban tampoco se acercaban mucho a los niños sino más bien a los adultos.
Cuando terminó el espectáculo me acerqué al camerino que había detrás del escenario donde se estaban cambiando los actores. Estuve hablando con ellos, les dije que me gustó mucho su trabajo y que me dieran sus datos. En ese tiempo hacía muchos anuncios de televisión y algún que otro videoclip donde bien podían colaborar esta estupenda companía Morboria que acababa de conocer. Los propuse en un par de proyectos, pero no cuajó ninguno. Un tiempo después en el antiguo cine San Blas reconvertido en plató de televisión asistí a la presentación de un programa que antena 3 iba a comprar y en la fiesta ahí estaban ellos colgados por el plató o paseando entre la gente haciendo su espectáculo.
Siempre me pareció un grupo interesantísimo, les he seguido la pista pero no había tenido ocasión de verles de nuevo. El pasado lunes les vimos en el festival de teatro clásico de Olmedo con El Avaro de Moliere.


Nos pegamos una escapada hasta Olmedo que está bastante cerca de Madrid, a unos 120 kilómetros y fuimos al teatro. Acostumbrados a Almagro hay que decir que al festival de Olmedo le queda todavía un tramo, un rato para acercarse a Almagro en cuanto a Festival. Sólo llevan cinco años frente a los treinta y tres de Almagro. Hay poca oferta y el pueblo no está preparado aún. No hay apenas infraestructuras -hoteles, restaurantes, etc.- pero bueno ya llegarán.

Para ambientarnos sobre la época y el autor el día anterior nos vimos esta peli que en España fué renombrada como Las Aventuras amorosas del joven Moliere. Como casi siempre se podían estar quietecitos ya que el título real -tan sólo Moliere- es mucho mejor. Porque aunque efectivamente trata sobre la época más joven y alocada del autor, no sólo trata del amor sino de su forma de entender la vida y el teatro. Una película interesante que nos vino al pelo antes de ver en teatro El Avaro. La obra nos encantó. Es divertidísima y la puesta en escena también muy buena y aunque el vestuario y la caracterización son muy buenas pero claro no tiene tanto el sello morboria. Pero vamos, nos gustó mucho.
A los pocos días de llegar a Madrid nos fuimos a ver El Sueño de una noche de verano también por Morboria, en el teatro Alcázar. Dos obras seguidas de ellos en tan solo unos días y después de tantos años sin verlos. La obra es espectacular. La puesta en escena es fastuosa.  Aquí sí que aparece el sello característico del grupo. En la puerta había un estraño personaje dando octavilla de publicidad de la obra y haciéndose fotos con la getne. En el hall del teatro había una exposición de de esculturas relacionadas con la obra El maquillaje y el vestuario es extraordinario creando un mundo onírico como pocas veces se ve en el teatro. Si este grupo funcionara a nivel internacional, se lo rifarían, incluso para  el cine.



Además la segunda parte es divertidísima. El público se partía de risa, sobre todo los niños. Es una obra muy pero que muy recomendable.