jueves, 25 de junio de 2009

De vuelta a las carreras


Después del impacto Carmina Burana que durante varias semanas ha ocupado prácticamente todo el espacio de este blog la vuelta a la normalidad pasa por hacer una carrera. La elegida ha sido La Carrera de Madrid. Una original idea en la que se agrupan todos los participantes en únicamente dos equipos: norte y sur. Con ideas como yo vivo en el norte, el sur también existe y cosas parecidas uno se apuntaba en esta original aunque fallida carrera.


Fallida porque la organización no ha estado a la altura de otras carreras madrileñas. Vale, es la primera que la hacen y habría que ser algo condescendiente. Pero es que en esto de las carreras hay niveles y sobre todo en las de pago. Cuando se paga se exige. Empecemos por el principio. Hubo pocos participantes. Eso apunta claramente a una falta de promoción. Salida sin ambiente festivo y musical que otras procuran incluso llegando al nivel de la San Silvestre en la que la salida es una auténtica macrofiesta. Vale, estos no tienen mucho presupuesto, pero algo se podría hacer. Una vez corriendo no ví ni uno sólo de los kilómetros marcdos durante el trayecto. Alguien me dijo después que sí los vió por lo que deduzco que sí estarían puestos, pero poco visibles ya que no ver ni siquiera uno me parece algo raro. Tuve que guiarme por instinto, reloj a ojo y demás.

Hacia la mitad de la carrera se anunciaba un puesto de avituallamiento. Cuando llego yo -más o menos la mitad de la carrera- ya no queda una botella de bebida para repostar. Por cierto que no era agua sino ese mejunje azul que sabe a jarabe. Después la organización al final, por megafonía, se dilculparon por ese asunto, pero fué un fallo grave en la organización de una carrera. El avitualamiento es algo fundamental.

En otro orden de cosas al pagar nada menos que doce euros de inscripción uno espera que la camiseta que suministren sea de calidad técnica y justifique en algo el pago de tan alta cantidad para una carrera. La organización suministró una vulgar camiseta de algodón mas bien mala.

Hubo que ir a recoger la camiseta y el dorsal a El Corte Inglés tan solo un par de días antes de la carrera y no entregaron el chip en ese momento sino una hora antes de la carrera. Teniendo en cuenta que la carrera empezaba a las nueve de la mañana la entrega de chips fué ¡¡de siete a ocho de la mañana de un domingo!!


Hubo muchos menos corredores por el sur que por el norte, pese a lo cual sumaron sus marcas y fué el equipo ganador.

Por tanto una carrera fallida y aburrida que no creo que vuelva a correr. Lo mejor del madrugón fué la recompensa encontrada en casa a la vuelta. Maria Isabel había preparado unas costillas con patatas asadas exquisitas que sirvieron de verdadero avituallamiento y auténtica recompensa.